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El espejismo de «Pachamamam»: Cómo la IA nos hizo creer en la existencia de María Quispe

Internet adora las historias de autenticidad y que hacen aflorar nuestro lado más humano. Nos fascina descubrir al artista ermitaño que canta desde la pureza de su entorno, lejos de la industria comercial y que sorprende por la calidad de su voz, letras que nos tocan la fibra sentimental y que parecen surgir como una forma de reivindicar un mundo más sencillo y alejado de la tecnología.

En los últimos días el tema «Pachamamam«, atribuido al autor Jean Sant y a la intérprete María Quispe, comenzó a viralizarse en plataformas como YouTube, donde el público reaccionaba con una mezcla de admiración y nostalgia. Los comentarios se llenaron de elogios hacia la «anciana de la cordillera», hacia esa voz quebrada por los años y el viento, que a través de su letra rogaba por no dejar morir el canto andino. De repente TikTok se llenó de videos cortos donde podíamos ver a una señora curtida por el trabajo, pero que a sus 83 años sorprendía por su potencia vocal y por la profundidad de la letra.

En toda esta historia había un detalle que muchos no vieron, dejándose llevar mas por lo que querían ver, que realmente por lo que estaban viendo y escuchando, por que la verdad es que María Quispe no existe. Si, como ya muchos habréis notado María Quispe está generada por IA, pero no es solo el vídeo, sino que todo, incluyendo la música y la voz. Todo ello ha sido generado con inteligencia artificial.

Lo cierto es que el fenómeno de «Pachamamam» no habría funcionado hace solo unos meses, donde las herramientas de generación no habían alcanzado el nivel de perfección artística que estamos viendo. ¿Cómo logró Jean Sant que internet se tragara el anzuelo? Pues la verdad es que no está nada claro que haya había una intencionalidad, ya que inicialmente el autor subió la canción a Youtube con una supuesta caratula de un vídeo, pero dejando claro en los créditos que esta canción había sido generada con Suno, una popular herramienta de generación de canciones por IA. Sin embargo, a raíz de ello han aparecido una gran cantidad de vídeos que dan vida a María Quispe, que sin estar asociados al autor, si tratan de hacernos creer que se trata de una persona real.

Lo bueno de esta creación es que la IA detrás de ella no generó una voz limpia de estudio que pudiera delatar su origen. En su lugar creó una voz desgarrada, con quiebros, con el vibrato trémulo característico de las cantantes tradicionales de avanzada edad y un acento que hacía identificable su descendencia andina. Ese «defecto» fue el que vendió lo irreal como una verdad absoluta. El contexto cultura donde se apela directamente al sentimentalismo del oyente, donde se asume el lamento por la pérdida de la tradición, hacia parecer que solo podía provenir de una representante real de esa cultura, sobre todo por que en los vídeos María se presenta como tal, cerrando el círculo de la narrativa.

27 de abril de 2026

Poco a poco la historia de la anciana fue tomando forma, generando un efecto bola de nieve donde muchos no se dieron cuenta del «engaño», si no que todo lo contrario. El compartir el vídeo alabando la calidad de la cantante alimentó el mito de que Maria Quispe era una artista rural descubierta de forma fortuita.

Como digo, lo cierto es que al autor no se le puede achacar nada, ya que en su cuenta oficial la producción está firmada digitalmente como realizada con una herramienta IA generativa. Es más, en un mundo donde muchos cantantes reales triunfan con voces retocadas hasta hacerlas irreconocibles, Jean Sant se destapa como un artista que ha sabido aprovechar al máximo las nuevas herramientas de producción digital. Un camino donde el autor utiliza una letra como raíz, para a partir de ella usar prompts con los que concibe la idea, estructura la letra, define el género musical y entrena a la IA hasta lograr el resultado que busca.

El éxito de «Pachamamam» deja una lección incómoda pero a la vez esclarecedora para la industria musical. Al oyente ya no le importa tanto la proveniencia de la música o su origen, sino la emoción que produce. Los miles de usuarios han aclamado la voz de María Quispe y el mensaje de su canción, donde, al menos por parte del autor, no fueron engañados, sino que se les ofrecía una experiencia basada en un arte sintético diseñado para conectar emocionalmente con ellos. El problema es que muchos han compartido esta creación haciendo ver, ya sea con intencionalidad o por desconocimiento, que estábamos ante una persona cantando el canto del cisne de su cultura, lo que eso si, es un engaño. Muchos videos dejan ver claramente que se han generado por IA, con un jurado sobreactuado que se sorprende ante la «artista», arrugas que van y vienen, etc. Sin embargo otros muchos llevan el engaño un paso más allá, mostrando no solo a María, sino que le acompañan de una joven con un bebe en brazos para incentivar aún más esa sensación de «humanidad».

Como conclusión de esto podemos ver que la IA ya no solo imita, ahora es capaz de generar su propia historia, simular el peso de los años, el dolor del desarraigo y apelar a nuestro lado más humano. Mientras, nosotros seguimos deslizando al otro lado de la pantalla, listos para creer lo que en ella se nos muestra.

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