Desde que la IA comenzó a ser parte de nuestra vida, uno de los mayores temores que se albergaba era su implementación y uso en el ámbito militar. Algo que poco a poco se va convirtiendo en una realidad. Un ejemplo lo tenemos en el anuncio hecho por el Pentágono en las últimas horas, y es que el Departamento de Guerra de Estados Unidos ha anunciado la firma de un acuerdo histórico con las principales empresas que lideran el sector de la inteligencia artificial: SpaceX, OpenAI, Google, NVIDIA, Reflection, Microsoft, Amazon Web Services y Oracle.
Tras su ruptura con Anthropic, el gobierno de EEUU ha volcado sus miradas en el resto de gigantes del sector, buscando conseguir que los modelos de lenguaje como los de OpenAI o Google, se metan de lleno en las redes más secretas y protegidas del país.
Según el anuncio oficial, esto se hace porque el ejército necesita ganar velocidad en su «transformación hacia el establecimiento de las fuerzas armadas de Estados Unidos como una fuerza de combate basada en la IA y fortalecerán la capacidad de nuestros combatientes para mantener la superioridad en la toma de decisiones en todos los ámbitos de la guerra«.

En un mundo donde los conflictos se deciden en milisegundos, ya no sirve que un analista humano pase horas revisando imágenes de satélite o informes de inteligencia. Desde el Pentágono quieren que la IA sea capaz de procesar montañas de datos en tiempo real dentro de entornos en entornos seguros.
Distintos medios y analistas ya han expresado sus temores con este acuerdo, e incluso empleados de Google han manifestado su desacuerdo con el acuerdo. Lo más interesante es cómo este movimiento borra la frontera entre Silicon Valley y el Pentágono. Si antes había una cierta resistencia ética o política por parte de los ingenieros de las grandes tecnológicas para trabajar en defensa, la urgencia por no quedarse atrás frente a otros países parece haber ganado la partida y dejado a un lado los temores, o las trabas, éticas.
Este anuncio no es solo un contrato más de los muchos que firma el Departamento de Guerra, sino que es en si una declaración de intenciones donde Estados Unidos confirma su intención de apostar todo a la inteligencia artificial para mantener su ventaja estratégica, aceptando que el futuro de la seguridad nacional ya no depende solo de cuántos misiles tengan, sino de qué tan inteligentes y rápidos sea la toma de decisiones y el análisis de la información.


